Tiempo atrás la biometría fué considerada exclusiva de los gobiernos. Pero recientemente, ha tenido mucha exposición a través de los medios con cosas como el reconocimiento de voz para acceder a aplicaciones bancarias o a sistemas de pago mediante una selfie para compras online.

Vivimos en una época excitante en lo que a la biometría moderna se refiere, en la cual el uso de nuestras cualidades físicas forma parte de una combinación de autenticación de múltiples factores.

La identificación biométrica no es algo nuevo, ya que miles de años atrás el uso de las características físicas o del comportamiento para reconocer, autenticar e identificar a las personas han estado presente.

Con la llegada de la tecnología moderna, el uso de la tinta sobre las huellas dactilares como una forma de identificación ha cambiado. La digitalización permite que los datos biométricos se recopilen, almacenen y utilicen mucho más rápidamente en una escala mucho más grande y, a menudo, global.

Podemos decir entonces, que la biometría tiene un gran futuro, ya que solo en 2016 se vendieron mas de 600 millones de sensores de huellas dactilares para teléfonos inteligentes. Además, existen mas de 1,000 millones de pasaportes electrónicos circulando en todo el mundo.

Pero debemos tomar en consideración, que cualquier proveedor de servicios que maneje este tipo de sistemas debe, garantizar que los datos estén protegidos, que solo puedan acceder personas o aplicaciones autorizadas, y que se utilicen únicamente para los fines para los cuales el usuario final haya dado su autorización.